Un mundo que ha cambiado exige que Suecia se replantee su enfoque
Durante el último año, los titulares se han sucedido sin cesar sobre un mundo en crisis. Un mundo en el que Suecia hoy en día no solo se ve obligada a apoyar, sino que está representada por una UE en crisis y marginada. Para salvar la democracia y la prosperidad suecas, ha llegado el momento de hacer lo mismo que, entre otros, Islandia, Noruega y Suiza: formar parte del mercado único europeo, pero sin ser miembro de la UE.
LA UE ESTÁ A PUNTO DE HUNDIRSE
En las últimas décadas hemos visto cómo la UE se ha visto cada vez más marginada en la escena internacional. Se ignora a la UE y se le niega el acceso a las negociaciones relacionadas con la paz en territorio europeo. La cuota de la UE en la economía mundial se está desplomando. Las tensiones internas van en aumento, mientras que gran parte de la industria se ve amenazada o ya se ha trasladado fuera de Europa. El euro no solo ha estado a punto de desplomarse una vez, sino dos, desde el cambio de milenio. La situación es tan grave que incluso Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, declaró recientemente en el *Financial Times* que Europa se encuentra en una crisis existencial.
No se trata de acontecimientos aislados. Son indicadores de un cambio cada vez más acelerado en la forma en que se ejerce el poder, tanto en Europa como en el resto del mundo. Tenemos que observar lo que está sucediendo sin anteojeras y replantearnos la imagen que tenemos de nosotros mismos. De lo contrario, corremos el riesgo de que, al igual que la UE, se nos margine y se nos anule como nación soberana.
SUECIA SE ENCUENTRA EN UNA ETAPA DECISIVA
Nos encontramos ahora en una etapa decisiva. Las decisiones que tomemos hoy serán decisivas para el futuro de Suecia durante varias generaciones. En el fondo, se trata de valores. Y también de la estrategia a largo plazo necesaria para garantizar nuestra prosperidad y seguridad futuras en un mundo en constante cambio.
Vemos cómo la Comisión Europea y los países miembros que dirigen la UE (léase Alemania y Francia) dividen y fragmentan abiertamente Europa. Las subvenciones y las transferencias se utilizan como medio de presión, en lugar de para generar un beneficio común. La cooperación ya no se mide en función de valores comunes, sino de exigencias de lealtad. La democracia se debilita cuando la Comisión centraliza las decisiones y elude a los distintos Estados miembros, ignorando el derecho de veto, amenazando con multas y/o la suspensión de subvenciones y debilitando continuamente la influencia, sobre todo, de los Estados miembros más pequeños.
Las consecuencias son devastadoras. Cuando el Derecho de la UE prevalece sobre la legislación nacional, los países más pequeños, como Suecia, pierden su principal protección. Cuando las reglas comunes del juego se sustituyen por acuerdos discriminatorios, es el equilibrio de poder el que decide, en lugar de las normas. Y cuando las dependencias se utilizan estratégicamente, aumenta la vulnerabilidad de todo el sistema europeo. La UE no se ha derrumbado. Todavía no. Pero va por buen camino… con música.
AHORA ES CUANDO HAY QUE DARLO TODO
Ahora se necesita lucidez y capacidad de acción. El orden democrático que hasta ahora ha servido de guía a Suecia no ha desaparecido ni ha perdido su importancia, pero se ha visto temporalmente inhabilitado. Es una realidad que debemos tomarnos en serio y a la que debemos hacer frente.
La Constitución sueca y nuestra tradición democrática no son perfectas, en la medida en que se ha permitido —y se sigue permitiendo— a nuestro Gobierno y a nuestros diputados del Parlamento eludirlas. No debemos olvidar en qué consiste, en esencia, la democracia sueca: un mandato político y un compromiso para defender y gestionar el derecho popular sueco. Respetar la soberanía del pueblo sueco. Resolver, con honestidad, franqueza y transparencia, sobre todo los retos a los que se enfrenta Suecia. La alternativa es una Suecia que se vea obligada a subordinarse a una UE en la que los intereses particulares y los actores más poderosos dicten las condiciones a nuestra costa.
SUECIA NECESITA RECUPERAR EL CONTROL
En materia de política exterior, Suecia tiene un interés fundamental en que el sistema multilateral se mantenga. Si este se desmorona, nosotros, como nación fuertemente dependiente de las exportaciones, seremos de los primeros en salir perdiendo. Por eso, junto con los países que aún creen en una cooperación ordenada y civilizada entre Estados, debemos alzar una voz clara a favor del respeto tanto del Derecho nacional como del internacional, y ser una fuerza impulsora para que no se socave la soberanía nacional.
Esto requiere una política exterior firme y coherente. Al restablecer relaciones controladas a nivel nacional con nuestros vecinos nórdicos y nuestros principales socios comerciales, reducimos nuestra vulnerabilidad en una época de conflictos comerciales e incertidumbre. Por eso es un error retirarnos de zonas importantes del mundo mediante una política exterior externalizada, algo que tanto los partidos de Tidö como la oposición están promoviendo ahora. La soberanía de Suecia no es una cuestión secundaria: es fundamental para nuestra seguridad futura y nuestra libertad de acción.
NUEVOS REQUISITOS
La época en la que vivimos también plantea nuevas exigencias a Suecia. La UE, que en su día se creó para fomentar la paz y el comercio, se ha convertido en un coloso burocrático gobernado por intereses particulares que, poco a poco, se está derrumbando bajo su propio peso. Ahora debemos asumir y hacernos responsables de nuestro propio papel como defensores de la democracia sueca y de nuestro sistema de bienestar sueco.
Para hacer frente a los riesgos futuros, debemos analizar nuestras vulnerabilidades frente al entorno exterior y reducir las dependencias que puedan resultar perjudiciales. Esto exige que reforcemos nuestra propia capacidad y desarrollemos una resiliencia que nos permita valernos por nosotros mismos.
También debemos ser sinceros y reconocer que la democracia no solo se ve amenazada desde fuera, sino también desde dentro. Para hacer frente a esto, es necesario establecer requisitos más claros en cuanto al funcionamiento del Estado de derecho y a los principios fundamentales de la democracia. En esta labor, la cooperación nórdica también es importante. Las democracias nórdicas se encuentran entre las más sólidas del mundo y se asientan sobre valores comunes que debemos defender. Una cooperación nórdica más estrecha nos fortalece en materia de política de seguridad, en el ámbito económico y en el social.
AMBITION SUECIA, LISTA PARA LA ACCIÓN
Hay que restablecer la seguridad en Suecia. Para ello se necesita un sistema de bienestar que se mantenga firme incluso en tiempos de crisis, un sistema judicial que restablezca la ley y el orden, una defensa nacional sólida, un suministro energético robusto y una infraestructura de transporte que funcione correctamente. Al mismo tiempo, debemos impulsar el crecimiento, reducir el desempleo y crear una economía que funcione para las personas y les beneficie en su vida cotidiana. Para desarrollar rápidamente la capacidad en ámbitos estratégicamente decisivos, se requiere una colaboración más estrecha y proactiva entre el Estado y el sector empresarial, así como una política que fomente la cohesión en lugar de la división.
Ambition Sverige está listo para emprender ese viaje: por un Suecia más próspero.
Ulf Ström
Portavoz independiente para asuntos de la UE